martes, 23 de octubre de 2012

¿Quién decide por la vida de un hijo?

Quisiera compartir a través de este espacio una reflexión sobre un caso de aborto que fue noticia en mayo, al menos en nuestro país. La noticia no es en modo alguno positiva, ni deja ningún tipo de enseñanza en valores. Sin embargo, sí es un explícito y claro reflejo del estado de una sociedad que ha permitido, con toda la fuerza de la ley, violar la dignidad y el derecho a la vida de los más débiles. Podría servirnos como ejemplo de los riesgos que estamos asumiendo nosotros con tanto "debate" e "imposición social" del aborto. Debería servirnos, mejor dicho, como reflejo de la sociedad que legalmente pretendemos ser. Comprendo que muchas mujeres (y varones también), ignorantes de los detalles en sí del aborto, crean que a través de su legalización están ayudando a otras mujeres, débiles, pobres y abusadas. Sin embargo, la noticia a la que hago referencia nos muestra las consecuencias que el "aborto legal y seguro" ha dejado en una sociedad que se dice progresista, evolucionada, moderna y defensora de los Derechos Humanos

El 24 de mayo, el diario La Nación publicó un artículo según el cual un médico español debería hacerse cargo de la manutención de un niño que sobrevivió a un aborto que "realizó negligentemente". La madre, conciente de estar embarazada de un hijo no deseado, acudió legalmente la clínica y solicitó un aborto "mediante la técnica de la aspiración del feto". Convencida de que había resultado bien la operación (exitosamente deberíamos decir, porque no se mata bien a una persona: a lo sumo hay éxito en el cumplimiento de lo pretendido), al poco tiempo concurrió a un chequeo para asegurarse de que no hubiera en el útero rastros de su hijo. El médico realizó la ecografía, pero distraídamente no advirtió que el bebé seguía vivito y coleando, sobreviviendo en el lugar que poco tiempo antes había sido dictaminado como su propia tumba. Nuevamente, a los pocos meses, la frustrada madre concurrió a la clínica, pensando que otra vez estaba embarazada de un hijo no deseado. Sin embargo, qué gran sorpresa se llevó al comprobar que su primer hijo (en realidad, no sabemos si en ocasiones anteriores también habría condenado a muerte a otros hijos) seguía vivo en el útero, diciendo sí a la vida y rogándole con un despiadado grito aquel "intenta amar" que cantaba Beto Cuevas. La clínica "se hizo cargo" del providencial error y le devolvió a la mujer el dinero, recomendándole una nueva y más barata clínica de abortos. Sin embargo, el bebé llevaba 22 semanas de gestación, por lo cual ya no era legal condenarlo a muerte. 
Los peritos que comparecieron en el juicio, en el que no declaró el acusado, indicaron, según destaca el juez, que el médico "prestó escasa o nula atención a la ecografía que estaba practicando" durante la segunda visita. Además, remarca que en la primera visita actuó con "absoluta dejación de funciones" porque no calculó bien el tiempo que llevaba embarazada la mujer, ya que de haberlo hecho se habría dado cuenta de que llevaba menos semanas y que podía aplicar el aborto químico, más fiable que el quirúrgico por aspiración.
Lo más interesante de la cuestión, si es que merece dicho adjetivo, es la sentencia del juez en el caso. ¡Ah!,  perdón... me faltó aclarar algo: la mujer acudió a los Tribunales para denunciar al médico y a la clínica por no haber matado a su propio hijo como ella quería, y por supuesto por haberlo dejado con vida. Para ella significaba un "daño moral" tener un hijo no deseado (ni por ella ni por su pareja; no es que la hubiesen violado o algo parecido). De modo que el artículo del diario concluye de la siguiente manera: 
Respecto al daño moral a la víctima, la sentencia, que puede ser recurrida, lo fija en 150.000 euros por las secuelas de "angustia y ansiedad" que provocó en la mujer y porque su hijo "altera para siempre" su vida. Por otro lado, condena al médico y la clínica al pago de otros 270.000 euros para pagar "absolutamente todo cuanto gasto genere el menor hasta los 25 años", lo que representan 978 euros al mes para alimentación, vestimenta, salud, educación y manutención.
Después de tanto discurso y descripción me pregunto: ¿hasta qué punto una sociedad (porque no es solo la mujer) está tan enferma como para aceptar matar a un hijo porque su mera existencia produce "angustia" y "altera la vida de la madre"? Comprendo que no todas las mujeres quieran ser madres; es perfectamente admisible y comprensible. Sin embargo, ¿alguien quisiera tener una madre que considera que sos un estorbo, una alteración, una molestia, un gasto, etc.? ¿A quién le gustaría tener una madre que está dispuesta a matarte (sabiendo que sos su hijo) simplemente porque le generás gastos y alteraciones a su egoísta vida? Esta madre es tan adorable que pretende que otro pague el mantenimiento de su hijo, porque ella no lo quiere... eso sí: ella lo gestó y lo dio a luz, cosa innegable. ¿Cómo debe ser vivir con una madre así? ¿Y con una hermana, vecina, compañera de trabajo, etc.? No son cosas que se cuenten o vivan al pasar... obramos como quien somos.

Concluyendo esta larga reflexión, testimonios como éste, por muy duros e indignantes que sean, nos ayudan a comprender el tipo de sociedad en la que estamos camino a convertirnos si el aborto se legaliza: corremos el riesgo de ser una sociedad egoísta, individualista e hipócrita, en la cual valen los derechos de unos y no los de otros, por motivos puramente discriminatorios amparados en ideologías que, paradójicamente, dicen defender la dignidad de la mujer, los derechos y la libertad. La madre protagonista del caso que citamos tiene toda la dignidad de una persona humana, pero si una ley la invita a tomar ese tipo de aberrantes decisiones es ella misma la que menoscaba su propia dignidad.

El artículo completo puede leerse aquí.


Martín José Vergara
Frente Joven Buenos Aires

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