martes, 27 de noviembre de 2012

Sobre la ley de identidad de género


El miércoles 9 de mayo de este año el Honorable Senado de la Nación aprobó por 55 votos a favor, ninguno en contra y una abstención la ley de "identidad de género". El proyecto se elaboró en base a las iniciativas de Silvana Giudici (UCR), Diana Conti (FpV) y Juliana Di Tullio (FpV). Se trata de una ley breve, que tiene tan sólo quince artículos, pero sus contradicciones y potenciales peligros son devastadores para nuestra sociedad.
Haremos un análisis breve de su articulado:

El derecho a la identidad de género: el art. 1 de la ley establece que toda persona tiene derecho a que se le reconozca su identidad de género –quedando registro de ella en los documentos que acreditan su identidad–, al  libre desarrollo de su persona según esa identidad, y a ser tratado de acuerdo a la misma.
Es decir la persona puede exigir al Estado, a la sociedad y a los particulares, que lo traten como lo que cree, siente, o quiere ser, independientemente de lo que realmente es.

Concepto de identidad de género: el art. 2 sostiene que la identidad de género es  “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo”. Esta “vivencia interna e individual” que la persona “siente” –la ley no habla de pensamiento ni de voluntad, sólo de sentimiento–, puede ser impuesta a toda la sociedad.

La rectificación registral: coherente con los arts. 1 y 2, la ley establece el procedimiento para “corregir” –rectificar es corregir, es decir, lo que se pide no es un cambio sino que se señala un error para que se lo enmiende– el prenombre y la imagen en la documentación que acredite la identidad de la persona “cuando no coincidan con su identidad de género autopercibida”. Los requisitos para este trámite, cuando se trate de mayores de edad, son:
1. Acreditar la edad mínima de 18 años, con excepción de lo establecido en el artículo 5º de la presente ley;
2. Presentar ante el Registro Nacional de las Personas o sus oficinas seccionales correspondientes, una solicitud manifestando encontrarse amparada por la presente ley requiriendo la rectificación registral de la partida de nacimiento y el nuevo documento nacional de identidad correspondiente, conservándose el número original.
3. Expresar el nuevo prenombre elegido con el que solicita inscribirse. En ningún caso será requisito acreditar intervención quirúrgica por reasignación genital total o parcial, ni acreditar terapias hormonales u otro tratamiento psicológico o médico.
Tratándose de un menor de edad, el trámite debe ser solicitado por sus representantes, por supuesto que con consentimiento del menor, y si alguno de los representantes se negase, puede recurrirse a la vía sumarísima, agregando el artículo, en una interpretación más que libre, “teniendo en cuenta los principios de capacidad progresiva e interés superior del niño/a de acuerdo a lo estipulado en la Convención sobre los derechos del Niño y en la Ley 26.961 de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes”.
Por supuesto que este trámite es secreto, si la persona así lo quiere, ya que no se puede publicar el cambio sin autorización y no se puede revelar la información del acta de nacimiento. De esta manera nadie puede conocer el sexo real de la persona.  
Un detalle: el trámite es gratuito. A diferencia de la mayoría de los trámites que estamos acostumbrados a hacer en reparticiones públicas, en los cuales se suele pagar un timbrado, la rectificación del DNI es gratuita, es decir, lo paga el Estado, es decir, lo pagamos todos. Muy democrático.

El “cambio de sexo”: ya el art. 2 señala en su segunda parte que la autopercepción de género “puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal (sic) a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido".
El art. 11, profundizando lo antedicho, autoriza “intervenciones quirúrgicas totales y parciales y/o tratamientos integrales hormonales para adecuar su cuerpo, incluida su genitalidad, a su identidad de género autopercibida”. Vale aclarar que se trata de largas, costosas y peligrosas intervenciones, en extremo invasivas; mutilaciones que deforman el cuerpo, para adaptarlo al deseo y elección de la persona que así lo decide y que potencialmente pueden causar daños irreparables física, psicológica y emocionalmente. Con el agravante de que, a diferencia de la decisión de cambiar de género vía registral, estas operaciones son irreversibles. Incluso se permiten en menores de edad, con los mismos requisitos que para la rectificación documental.
Por supuesto que se obliga a “los efectores de salud públicos, privados o de obras sociales garanticen el cumplimiento de esas operaciones”. Y nuevamente, todas esas prestaciones “de salud”, quedan incluidas en el Plan Médico Obligatorio. Es decir son gratuitas y toda la población debe costearlas con los aportes habituales.

Trato digno: llama particularmente la atención este art. 12, que establece que deberá “respetarse la identidad de género adoptada por las personas, en especial por niñas, niños y adolescentes, que utilicen un nombre distinto al consignado en su Documento Nacional de Identidad”. Es decir, hay que usar el nombre que la persona quiere, no el que tiene, incluso para llamarlo a gritos en la calle. Además “cuando la naturaleza de la gestión haga necesario registrar los datos obrantes en el Documento Nacional de Identidad, se utilizará un sistema que combine las iniciales del nombre, el apellido completo, día y año de nacimiento y número de documento y se agregará el prenombre elegido por razones de identidad de género a solicitud del interesado/a".

Para finalizar con este tema, expresamos adhesión a lo manifestado por la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina, declaración que citamos a continuación: “la ley sancionada ha generalizado un modelo de pensamiento que privilegia supuestos proyectos de vida individuales y personales (de cambio o reasignación de sexo), en desmedro de los valores y principios del resto de la sociedad. Es un paso más en una progresiva mutilación de las normas fundamentales de la vida y la familia y empobrece la convivencia social a partir de una concepción individualista de la persona que es definida como una mera creación cultural y desgajada de sus constitutivos elementos de orden natural, en especial de la rica complementariedad entre varón y mujer”.

Jaime Paz
Escuela de Formación - Frente Joven Córdoba

No nos cansamos de recomendar el imperdible y triste testimonio que es el caso de David Reimer, el niño que fue criado como niña. Al respecto ver: http://centrodebioetica.org/2012/05/la-investigacion-sobre-david-reimer-y-la-identidad-de-genero-el-sexo-no-es-un-constructo-social/



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