viernes, 7 de diciembre de 2012

Carta abierta a Mendoza de Pablo Gaete sobre aborto no punible

Al pueblo de Mendoza y sus representantes:
Me gustaría recordarle al pueblo de Mendoza el caso “Sánchez, Elvira Berta c/Mº J y DD HH - art. 6 ley 24.411 (RESOL 409/01)” 22-05-2007 (T. 330, P. 2304): la Dra. Elena I. Highton de Nolasco (Ud.) se expidió de este modo:
“El derecho a la vida es el primer derecho natural de la persona humana, preexistente a toda legislación positiva, y resulta garantizado por la Constitución Nacional, derecho presente desde el momento de la concepción, reafirmado con la incorporación de tratados internacionales con jerarquía constitucional”.
Ante el pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia de la Nación acerca del fallo que sentaría jurisprudencia y podría ampliar los casos de aborto "no punibles" me veo en la necesidad de alertar a todos que se estaría avanzando en decisiones a nivel jurídico y político que alejan aún más de la ayuda a las víctimas de violación: la madre, que es sometida a otro trauma aún mayor, como la muerte de un hijo, y el niño o la niña por nacer, que son desechados sin miramientos.
NI VICTIMAS DE VIOLACIÓN NI VÍCTIMAS DE ABORTO.
No solo es preocupante el proceder del máximo tribunal de justicia de la Nación, sino sobre todo la errónea visión que se está difundiendo sobre las consecuencias psicológicas que sufre una mujer víctima de una violación. Claramente, el aborto es una agresión, no una ayuda a la mujer violada.
Para quienes trabajan de cerca con instituciones que brindan ayuda a las mujeres embarazadas víctimas de violación, como el Frente Joven, es muy importante la comprensión de la situación de las víctimas. Las mujeres violadas requieren ayuda, y la facilitación de la práctica abortista atenta contra la asistencia necesaria. Parte de la protección es evitar el drama del aborto por medio de la contención psicológica, material y sanitaria. No podemos agregar un mal a otro mal, por medio de la eliminación de un ser humano.
La manipulación mediática de los casos de violación, a través de una búsqueda de sensibilizar a la sociedad para legitimar el aborto, ignora el aporte de la psicología, que advierte que no se puede solucionar un trauma con uno aún mayor; asimismo, la experiencia de las mujeres que encuentran en el hecho mismo de tener a su hijo, fruto de la violación, un acto de amor que le permite sanar la herida, y escapar de la espiral de violencia perpetrada por el violador. La mujer que da a luz, se comprende no ya como una persona ultrajada, sino como una persona valiosa, superior a su victimario, capaz de dar vida y dar amor.
La postura muy difundida de que el aborto es una respuesta válida para la víctima de violación desconoce los casos concretos y la opinión de los expertos que trabajan en el campo y día a día con la problemática. Además de sostener el sistema de sometimiento de los violadores (pues el niño y la niña por nacer ponen en evidencia el delito), abortar sin más es también ocultar la tragedia de la violación, que suele muchas veces acontecer en los círculos sociales cercanos.  Esta interpretación de la ley, en la práctica, lejos de quitar el drama de las mujeres violadas, favorece al violador, dejando su delito en segundo plano, sin necesidad legal de punirlo.
La verdadera respuesta a la tragedia de la violación está en la ayuda social, psicológica y médica a las víctimas. Recordamos el caso publicado en La Nación[1] con fecha del 3 de marzo del corriente: la ayuda y el acompañamiento salvaron la vida de la hija y la madre. A través de un caso ejemplar, se manifiesta una dura realidad: muchas madres están solas porque en general fueron abandonadas por su entorno íntimo. Y son muchas las instituciones que al desamparo del estado y los medios, dan soluciones reales a esta tragedia. Con este fallo, el desamparo por parte del Estado sería aún mayor.
Si esta visión inhumana que desestima la ciencia y la experiencia concreta se proyecta de la Corte hacia el país, estaría creando un terrible precedente discriminatorio en el derecho argentino y la legislación mendocinala creación de dos categorías de personas, las deseadas, a las cuales les asisten todos sus derechos, y las no deseadas, que, al no tener siquiera derecho a la vida, no pueden tener ningún otro derecho.
Desde el año 1994, en que se reformó la Constitución y se incorporaron con rango cconstitucional los tratados de Derechos Humanos, el art. 86 en cuestión pasó a ser sencillamente anticonstitucional, ya que establece excepciones a la vida que están expresamente prohibidas por normas de orden superior (Constitución y Tratados Internacionales de DDHH).
Lo cierto es que el aborto es una nueva forma de violencia contra la mujer y un signo de deshumanización de la sociedad. La mayoría de las mujeres abortan por presión social, violencia o maltrato psicológico. Promover el aborto no es ayudar a la mujer sino perpetuar la violencia hacia ella. El proyecto es una cuestión política que agrava la situación de las víctimas al desmotivar la denuncia y obligarlas a volver sin apoyo estatal al entorno familiar, donde ocurren el 80% de los abusos - según organizaciones como la Asociación de Víctimas de Violación (AVIVI)-.
Frente Joven, como tantas otras instituciones, procura una verdadera respuesta al drama de violencia hacia la mujer. Una sociedad democrática debe ofrecer soluciones amparadas en una visión humanitaria, sobre todo ante la cada vez más inhumana situación social que estamos viviendo. En este y en todo caso, el aborto destruye una madre y mata un hijo. Deja una herida en la mujer para toda la vida. Hay una madre y un hijo que proteger. La solución no tiene opción, es un deber de la sociedad: Para proteger a la madre, hay que salvar a las dos vidas.
Pablo Gaete Frente Joven Mendoza D.N.I. 34.127.270
Carta original publicada en el diario online MDZ:

lunes, 3 de diciembre de 2012

500.000 abortos: la mentira que todos repiten y nadie prueba

Artículo original extraído de Forum Libertas:

El caso de México y el de España demuestran que los abortistas inventan las cifras de Argentina

Manifestación del 01/11/11 convocada por Frente Joven - Ecografía a mujer con 12 semanas de embarazo 

En la Argentina de 2011, como en el México de 2006 y en la España de 1976, se debate sobre el aborto y se dan cifras de lo más dudoso. Los partidarios de legalizarlo insisten en 2011, como en los años 80 y 70, que hay muchísimos abortos ilegales, cientos de miles, que causan la muerte en condiciones insalubres de cientos de mujeres cada año. Dicen que eso se resuelve legalizando el aborto.
El problema es doble: por un lado, los cadáveres de esos cientos de mujeres no aparecen por ningún sitio. Son fantasías. Una mujer muerta es algo perfectamente reconocible, y llega a manos de médicos y forenses y reconocen que fue por aborto. El Estado sabe cuantas son: por ejemplo, en Argentina en 2009 fueron 87, y eso incluía a mujeres implicadas en abortos naturales, no provocados. El estado argentino lo contabiliza en sus datos oficiales (Ministerio de Salud de Argentina, “Estadísticas Vitales, Información Básica, año 2009”; PDF: http://www.deis.gov.ar/Publicaciones/Archivos/Serie5Nro52.pdf ). Incluso están clasificadas por regiones. Afortunadamente, el número va descendiendo: en 2004 eran 94 mujeres.
Pese a que esta es la realidad y que contar muertos no es tan difícil, las asociaciones abortistas hablan de que “cada día muere una argentina por causa del aborto clandestino”, y lo repiten las agencias de noticias, la prensa despistada y la prensa pro-aborto. Así, por ejemplo, lo copia la agencia china Xinhua en español y a la que copian, sin reflexionar, muchos diarios latinoamericanos.
El otro problema con las cifras de los abortos clandestinos es que cuando se legalizan…¡desaparecen! Cientos de miles de mujeres que supuestamente abortaban una y otra vez, en cuanto se legaliza la práctica, ¿dejan de recurrir a ella?
El caso clásico es el de España. En 1976 apareció el primer número de El País Semanal, el 3 de octubre. Este semanario, absolutamente pro-aborto en una época en que era ilegal en España, ‘informaba’ de que se estaban produciendo 300.000 abortos clandestinos cada año. Además el semanario insistía en que 3.000 mujeres morían al año por someterse a un aborto ilegal“según el Tribunal Superior”. El año 1985 se despenalizó el aborto, y en 1986, el primer año completo con aborto legal, se produjeron 17.000 abortos. ¿Dónde estaban esos 300.000 abortos? Y, por supuesto, aquellas 3.000 españolas que morían cada año en la España de los años 70 por abortos ilegales no dejaban cadáveres: ¡había que creer en ellas sin verlas, aunque lo dijese “el Tribunal Superior”!
Han pasado 35 años desde aquel número de El País Semanal, pero el diario progresista sigue igual: en su crónica de hace unas semanas sobre el aborto en Argentina, la periodista argentina Graciela Mochkofsky repetía el mantra del medio millón de abortos clandestinos, lo que significaría que Argentina es la mayor superpotencia abortiva del planeta ¡y eso que es ilegal!
¿Quién puede creerse que en Argentina, siendo ilegal el aborto, se produzca 1 por cada 80 habitantes? En Alemania es 1 por cada 728 (114.000), en Gran Bretaña uno cada 270 (215.000 abortos) y en Francia uno por cada 314 (210.000), si usamos las cifras de 2008 de estos países donde no solo es legal sino que está socialmente admitido desde hace décadas.
Pero si la realidad europea no convence de que las cifras argentinas son increíbles y fantasiosas, podemos tomar un caso hispanoamericano modernísimo: el bulo de las cifras del aborto en México.
Human Rights Watch, que como Amnistía Internacional hace años que se sumó al lobby abortista mundial, hablaba en su web en 2006 de entre medio millón y un millón de abortos al año en México: 
“En 2003 la Universidad Autónoma de México publicó un estudio estimando que aproximadamente medio millón de mujeres y chicas se practican un aborto (tanto legal como ilegal) cada año en México. En 2005 la UNAM actualizó su estudio, concluyendo que la cifra anterior infravaloraba seriamente la prevalencia del aborto y que el número de abortos en México cada año era cercano a un millón. Una estimación publicada por el Centro Latinoamericano sobre Salud y Mujer (Celsam) concluyó en 2004 que el número de abortos anuales está entre medio millón y 850.000. El gobierno mexicano, con datos de 1995, solo estiman unos 100.000 abortos clandestinos al año”.
La realidad se impuso. El aborto libre hasta las 12 semanas llegó a México Distrito Federal (casi 20 millones de habitantes) en verano de 2007. Casi tres años y medio después, en 19 de enero de 2011, las cifras oficiales del aborto legal eran estas: en 40 meses se habían practicado 52.500 abortos en 16 hospitales; el 78% de las mujeres eran del Distrito Federal; un 21% venían de otros Estados donde el aborto está prohibido. Nada de un millón al año, solo 16.000.
¿Qué pasó con el millón de abortos anual clandestino del estudio de la UNAM y de HRW? ¿Cómo es que no van un millón de mexicanas a abortar cada año al DF? ¿O al menos medio millón? ¿O al menos cien mil, como calculaba el Gobierno mexicano? Hablamos de un país de 112 millones de habitantes. La realidad es que al legalizarse el aborto, la demanda real en México es de 16.000 al año, no de un millón.
Incluso la prensa pro-aborto de EEUU que repetía acríticamente las cifras se dio cuenta ya en 2007 de que la realidad no cuadraba (caso del reportero de Los Angeles Times), sobre todo cuando otros analistas, como Dave Pierre, se lo hicieron ver.
El cronista de Los Angeles Times también repetía en su época el mantra de que “según una estimación, más de 3.500 mejicanas mueren por abortos chapuceros cada año”. ¿Dónde están los cadáveres? Los datos oficiales del Ministro de Salud mexicano citado en marzo de 2007 en el muy abortista New York Times son de 88 mexicanas muertas por aborto en 2006, no 3.500.
¿De dónde sale el supuesto medio millón de argentinas que abortan clandestinamente cada año? Al principio estaba simplemente inventado por asociaciones feministas y abortistas. Medio millón en Argentina, medio millón en México, 300.000 en la España de los años 70… ¿qué más da? Pero desde 2007 se remiten a un estudio encargado por la Comisión Nacional de Programas de Investigación Sanitaria (Conapris), del Ministerio de Salud de la Nación, a doña Edith Alejandra Pantelides, del Conicet y el Centro de Estudios de Población (Cenep), y Silvia Mario, del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires. Ellas hablan de entre 500.000 y 600.000. Su técnica: multiplican por 7 el número de mujeres realmente ingresadas con infecciones o sangrados. Lo explican en este artículo: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-85908-2007-06-02.html
Eso sí, ellas no cuentan mujeres muertas. La cifra de una argentina muerta por aborto cada día no sale de ningún sitio: simplemente se repite, aunque la cifra real y oficial y conocida es de 87 en 2009, como vimos.
En Wikipedia en español admiten acríticamente el fantasioso medio millón de abortos argentinos, remitiéndose al estudio encargado por Conapris:
En Wikipedia en inglés son más críticos: recuerdan que lo mismo se decía en el estudio de la Universidad Autónoma de México y luego resultó que no tenía nada que ver con la realidad: la demanda era de 16.000 abortos anuales, no de un millón.
Las exageraciones del lobby abortista argentino vienen de lejos. Por ejemplo, el diario argentino Diario de Paraná el 1 de enero de 2008 publicó:
“Se estima que en la Argentina se producen 600 mil abortos por año, y en su conjunto constituyen una de las principales causas de muerte materna. De 100 mil mujeres que se practican un aborto, entre 350 y 400 mueren en el quirófano.” (Eso daría 2.400 mujeres muertas por aborto, cuyos cadáveres desaparecen mágicamente… cosa que no sucede en el mundo real).
En Brasil, país con 160 millones de habitantes -la mayoría en niveles de pobreza extrema-, la OMS recogía en 1983 tan sólo 371 muertes por abortos, y en México en 1988, sólo 216 muertes por abortos (naturales incluídos). Datos más actuales en Brasil, de su ministerio de salud, afirmaban que en 1996 murieron
146 mujeres por abortos, en 1997 eran 163 y en 1998 eran 119.
En pleno siglo XXI, con las mejoras médicas, las cifras bajan más y más, por fortuna, pero el aborto seguro no existe: incluso el aborto legal causa madres muertas. Nunca es un procedimiento seguro. Legalizar el aborto no impedirá que mueran mujeres por causas ligadas a abortos naturales y seguirá habiendo abortos clandestinos.
Otro truco es confundir “muerte materna” con “muerte por aborto”. Cuando se afirma que “el aborto es la principal causa de muerte materna en Argentina” o en otro país, significa llamar a engaño.
Se llama muerte materna a “la muerte de una mujer durante el embarazo o dentro de los 42 días siguientes a su finalización, independientemente de la duración y sitio del embarazo, por cualquier causa relacionada con, o agravada por, el embarazo o su tratamiento”, pero no por causas accidentales o incidentales.